Wilson Morelo: ¿cómo la pelota lo sacó de la pobreza?

Nació en Cantaclaro. En el colegio, ya decía que quería ser profesional para sacar a su familia de ahí. Le agradece a dios y a la pelota. La historia de un crack.

Acaba de terminar. En las tribunas de la cancha de Colón hay gente que llora. Atlético Mineiro empezó ganando y los locales lo dieron vuelta. Él hizo el primero y metió la asistencia para el segundo y lo aplauden reconociéndolo como figura. El periodista entra a la cancha y le pregunta cuál fue la clave. Wilson Morelo mira al cielo y le responde: “Dios”.

Por qué alguien encomendaría su talento a dios. Si acaba de ser figura y las cámaras lo buscan para justificar en él el resultado del partido. Sobre todo, alguien que en 2015 ya fue goleador de la Sudamericana y en 2019 de la Libertadores. Entonces, en el gimnasio del predio de  Colón, el 27 entra preguntando cuánto va a durar la entrevista y dice que tiene hambre y que el entrenamiento caluroso pide una siesta, pero se sienta en una silla, escucha la pregunta y saca de sus labios cafeteros un relato de ternura y de dolor.

- ¿Por qué creés tanto en Dios?
- Sé que lo que he conseguido en mi carrera se lo debo. Sé que me sacó de ese barrio donde viví muchos momentos difíciles porque era muy complicado. Me sacó y yo pude sacar a mi familia de ahí.

Morelo tiene 32 años y nació en 1987 en Montería, Colombia. Por sus ojos, pasó como modelo una de las mejores generaciones de jugadores de su país: el Pibe Valderrama, Asprilla, Valencia y Freddy Rincón. También, los días complicados de una historia de desigualdad y de pobreza del continente americano. La vida en la calle siempre vino con la pelota bajo el brazo. Sin tecnología y en comunidad, los niños pasaban los días gambeteando.

- ¿Dónde aprendiste a jugar a la pelota?
- En mi barrio, en Colombia. En una ciudad que se llama Montería, en el barrio Cantaclaro. Ahí nací, me crié y ahí siempre con los amigos. Yo era con la pelota. Me acuerdo que mi mamá siempre me pegaba porque a la hora de salir para el colegio, yo jugaba a la pelota. Estudiaba a la tarde y tipo 12 tenía que estar saliendo de la casa  y yo llegaba 11.40. Tenía que buscar la ropa, almorzar y a veces no encontraba una media o el zapato o la camisa y casi siempre me iba llorando a la escuela.

- ¿Cómo era el barrio?
- Primero no era, después pasó a ser un barrio. Cuando yo nací, eso era una invasión de gente muy pobre que fueron ocupando un terreno de personas. Después ya no nos pudieron sacar. Al gobierno le tocó pagarle esas tierras al dueño y nosotros nos hicimos ahí y vivíamos con casas de tabla, con los techos de plástico. Vivíamos en una situación muy dura, muy difícil.

- ¿En qué sentido dura?
- Un barrio difícil, un barrio donde había muerte, donde muchos amigos míos murieron. Por lo regular, en los barrios donde hay mucha pobreza, hay mucha, lastimosamente, delincuencia. No todos son así. La gente se vuelve muy vulnerable también. Pero yo siempre estuve enfocado en mi fútbol. Muchos amigos míos ya hoy no están. Otros que arrancaron conmigo se quedaron en el camino. Creo que, de todos, el único que llegó desde mi barrio al fútbol profesional fui yo. Eso también me da mucha alegría. Y me da tristeza porque se quedaron muchos amigos en el camino.

- ¿Quién era tu sostén?
- Mis padres y el profesor donde yo estaba en la escuela. Algo que yo siempre digo es que dios me guardó porque siempre me ofrecían cosas. Me incitaban a hacer cosas. Pero yo siempre vi el fútbol como una oportunidad de salir adelante y sabía que había cosas me iba a alejar de lo que yo siempre quise. Le debo mucho a dios, a mi familia, pero también a la pelota. Porque, en realidad, de niño, era la que me enfocaba. Y yo veía una oportunidad de poder sacar mi familia adelante y de poder salir yo adelante, que era por medio del fútbol. Si el fútbol no hubiese sido, quizás mi vida hubiese sido otra.

- ¿A qué edad te diste cuenta que la pelota podía sacarte del barrio?
- Pues a los 13 o 14 años. Yo ya me mentalicé y me acuerdo que en el colegio siempre que me preguntaban algo yo decía que quería jugar al fútbol profesional porque quiero sacar a mi familia adelante. Salieron todos más o menos cuando yo tuve 21 o 22 años. Pude sacar a mi mamá, a mi papá, a todos mis hermanos. Hoy día, estoy agradecido con mi barrio porque me enseñó muchas cosas, porque me forjó mi carácter en muchas cosas. Vivir las dos caras de la moneda. Eso nadie me lo quita. No todo el mundo tiene la bendición de vivirlo.

- ¿Por qué había y hay pobreza en el barrio?
- Por falta de oportunidades. Yo creo que son barrios que el mismo Estado y la misma sociedad los va haciendo a un lado y después crean una fama. Hay mucha gente que labura ahí. Mucha gente trabajadora. Yo puedo ver la vida de mi padre. Era una persona que se levantaba a las tres de la mañana, iba a la galería, trabajaba de 3 de la mañana 5 de la tarde. Así mi papá nos crió y nos sacó adelante. De pronto en otra familia, no era igual, pero como te digo, hay delincuencia en esos barrios porque son barrios muy vulnerables. Pero también hay mucha gente que labura y que sacan sus familias adelante con un mínimo y que son honestos y que son correctos.
 

- ¿El potrero te enseñó a jugar a la pelota?
- Creo que el fútbol colombiano se ha caracterizado por tener un buen pie. El fútbol uruguayo por la garra que tiene. El fútbol colombiano, desde las divisiones menores, siempre hacen mucho énfasis en lo que es la técnica. Trabajos de coordinación. Hay buenas canchas, eso ayuda mucho. Una parte de eso viene con uno. Te lo da la calle. El lugar en el potrero, en el barrio.

- ¿Vos jugabas en la plaza?
- Siempre había lugares donde no me dejaban jugar porque donde me iba el equipo ganaba. Era difícil porque hacían equipos y se ponían de acuerdo en que yo no podía jugar. En ninguno de los dos equipos porque el otro equipo quedaba muy cargado. Por ahí, entonces, me iba con los más grandes.

- ¿Te ponía triste eso o te gustaba?
- Era un niño. Me sentía triste. Pero después comencé a jugar con gente mayor que yo, con los más grandes, y ahí ya se me hacía más difícil, pero es lo que me fue forjando el carácter. 

 

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