Ramírez, la memoria y la identidad

En el momento más importante de su carrera, Miguel lo festejó con dedicatorias especiales.

Lo soñó durante un mes y medio. Cuando no planificaba el partido, seguramente pensaba en cómo lo festejaría en caso de ganarlo. Primero había que demostrarlo en la cancha con el fútbol que tanto los identifica. Luego vendría lo simbólico.

Un rato después de levantar la Copa CONMEBOL Sudamericana, Miguel Ramírez apareció en la conferencia de prensa. Tenía una bandera. Le cubría las espaldas y se la ató alrededor del cuello. Él ya estaba en lo más alto de Sudamérica y quiso llevar con él hacia allí a sus Islas Canarias natal. Sobre su pecho se leía un nombre: Quiñónez M. Junto con el número 3. Tenía puesta al revés la camiseta de Independiente del Valle para mostrar y recordar al juvenil fallecido.

El español estaba viviendo su momento más feliz como entrenador. Él mismo reconoció que nunca soñó algo así porque le parecía inalcanzable. Pero ante un escenario tan desconocido, Miguel no olvidó a su tierra ni a Mauricio Quiñónez, para llevarlos a lo más alto junto a él. 

El día en que Independiente se clasificó a la final, el técnico se lo dedicó en la conferencia de prensa, un día después del que habría sido el cumpleaños número 19 del jugador. El 12 de mayo se había conocido la trágica muerte por dos disparos del integrante de Independiente Juniors.

"Le tengo muy presente porque lo quiero mucho... Mauri Quiñónez era un chico de bien, tranquilo y respetuoso. En el día más importante de Independiente del Valle cómo no va a estar presente. Este triunfo fue para él, siempre lo tenemos presente", dijo en conferencia de presa, luciendo el número 3 eterno. Luego paseó por la zona mixta, dio entrevistas a todos los medios. Mostró todo el tiempo su bandera y el apellido del juvenil.

Eso también es identidad. Y es memoria. Porque la memoria hace a la identidad. 

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