Pulga Rodríguez desató una fiesta tan eufórica como emotiva

Colón venció 2-1 a Atlético Mineiro por la semifinal de ida y definirá con ventaja en Brasil

El Pulga cobra superpoderes. Flota en el aire como un insecto molesto. Como si a los demás los pusieran en cámara lenta y él fuera el único capaz de ver que el chiche va a estar ahí. No es fácil saber que hay todo un estadio con una historia en el lomo que te está esperando. Que Santa Fe está como si lo hubiera deseado cual mesías. Que la gloria consiste en llegar antes y salir corriendo y saltar y mirar al cielo porque su papá murió el fin de semana y mover los dedos en forma de surfer y llenarse las encías de saliva porque esta noche estaba preparada para la fiesta y los visitantes la estaban embarrando. Colón se lo da vuelta a Atlético Mineiro. Rodríguez, un señor con apodo y cuerpo de niño, es el bailarín que la cumbia esperaba para sonar. Nadie falta al baile. 

Una nena con corona de princesa sonríe con los ojos gigantes y los cachetes color rojo. Un papá acuna un bebé de tres meses arriba de un paraavalanchas. Un sánguche de matambre de cerdo transpira grasa. Hay porrón y hay fernet y las caderas se mueven y las palmas son percusión. Los Palmeras, la banda biblia de la cumbia argentina, suena desde los stereos de los autos. Un viejo de boina recuerda el día en que le ganaron al Santos de Pelé. Colón aprieta los dientes: soñar es algo que sacude el alma.

Un hincha le grita a un policía: “Vos tenés cara de Sabalero”. Se ríe. Los nenitos se organizan en la platea con bolsas de papel de diario y con la conducta militante de quien se juega la vida. Un parrillero levanta un vacío con la forma de Argentina en el mapa. Sobre un tambor de aceite, las cebollas chillan para decorar la carne. La tribuna escupe trompetas. El Brigadier General Estanislao López, el estadio donde jugaron Pelé y Maradona y Messi, se viste como un jugador más. En el primer tiempo, la tensión es tanta que los de Lavallén se mueven como si la mochila de protagonista pesara demasiado. En el segundo, como si el césped se inclinara, la historia es otra: tras ir perdiendo 0-1, se rebela y es un león santafesino.   

La pregunta es cómo es posible que el mismo esquema y los mismos jugadores sean algo en un tiempo y otra cosa en el otro. El fútbol es un juego demasiado humano como para que las razones se reduzcan a la hierba verde. Ahí, las pulgas cobran superpoderes.

Cerrar