Ortiz, el muchacho de los golazos

Lleva la 8 de Sporting Cristal. Es argentino, surgido en Independiente. De media distancia, la clavó dos veces, generó el primer grito y tuvo un travesaño extraordinario.

Claudio Vivas sonríe desde el banco y mira a su ayudante como diciéndole qué barbaridad lo de éste pibe. Él sale trotando, sacudiendo las manos, con la soberbia de los artistas, sabiéndose ya no impresionado de su talento. No es una pierna, son las dos, porque el segundo es con la zurda y el tercero con la diestra. No son solamente sus gritos, si no los de los otros, porque el primero es un disparo suyo y la empuja con la cabeza Gonzáles. No es hoy, ya que a Universitario, en el clásico, se la picó de afuera del área. Es que la noche de Christian Ortiz es alucinante.

No es un mediocampo cualquiera. El 4-3-3 que Vivas pone sobre el césped tiene tres elementos claves: Jorge Cazulo, capitán, voz de mando, aclarador constante de posiciones, quitador; Horacio Calcaterra, segunda pierna, criterioso en la distribución, enganchador de líneas; y Ortiz, más adelantado, detrás del centrodelantero, haciendo las veces de mediapunta, buscando el ángulo para mostrar su mejor destreza: el disparo.

Ortiz pega cuatro veces en el partido: además de los goles, mete un disparo desde un tiro libre mágico. Es la figura de la cancha por escándalo. Es la principal razón por la que Sporting Cristal gana la serie 3-0 de visitante: porque los partidos pueden ser más o menos parejos, pero en las copas los goles son determinantes y son los que dan o quitan vida. Tener un goleador como Ortiz es una forma de sacar parte del boleto.

Se saca la mufa Ortiz del último fin de semana, cuando malogró un penal contra Carlos Mannucci. Se plantó en la cancha para darle la victoria a Sporting Cristal en la CONMEBOL Sudamericana, competición a la que llegó tras un triunfazo en Asunción contra Olimpia. Está segundo en el torneo peruano, en busca de Bi Nacional.

Mágico el mediapunta que afiló el botín para hacer sonreír a Lima y meter dos gritos fundamentales para seguir creciendo como institución. Ortiz sabe que sus empeines, a veces, están de fiesta. Por eso sale trotrando para festejar el grito: la soberbia es el lenguaje de los genios. 

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