Las claves de Independiente del Valle: Pellerano, la comunicación y la táctica

Detalles de cómo se gestó el título. Cómo se organizan dentro del campo. El valor del afecto y de la estrategia.

Parte de la fuerza de Independiente del Valle en el césped se basa en ese movimiento de dedos que implica el diálogo. La lluvia casi no deja ver, Luis Fernando León acaba de hacer el gol, el baldazo de agua helada cae sobre el monumental público rival y Cristian Pellerano trota a hablar con Miguel Ángel Ramírez que le da mil indicaciones por segundo. El mediocampista es la voz del equipo y antes de que arrancara el juego le dio indicaciones a todos sus compañeros, incluido al arquero. El campeón de la Conmebol Sudamericana es un homenaje a la táctica y al diálogo.

Pellerano no tiene la cinta en el brazo pero es el cerebro de esta historia. Su mejor músculo, a los 37 años, es la cabeza. El piso mojado no parece su aliado más óptimo aunque no le hace falta: anticipa leyendo, se deplaza cuando la pelota se mueve y distribuye la posición de sus compañeros como para estar siempre protegido. El entrenador y su ayudante de campo confían plenamente en él para la estrategia. La organización es fundamental para ganar esta jornada en la que el público rival es de 40000 contra 700 y el fervor está del otro lado. Lo que justifica el título de Independiente del Valle es su capacidad para jugar a la pelota animadamente: un tremendo campeón que para llegar hasta acá venció a Universidad Católica, a Independiente de Avellaneda y a Corinthians.

Habla con el árbitro. Sostiene anímicamente a sus colegas. En cada cambio, abraza al que sale. Incluso les avisa a los jueces de línea cuándo quiere que ocurra cada cosa. Ya ganó la Sudamericana en 2010, jugando para Independiente de Avellaneda. Ésta, aún así, es otra historia. Llegó a Ecuador hace un año, cuando su carrera como futbolista parecía no prometerle nada más. Tras 18 años de profesionalismo, Pellerano entra a la cancha, usa su mano de visera y enfoca a su familia para saludarlos. Saluda con una felicidad que sólo le acompañan sus compañeros. Vistió los colores de Colón hace una década, pero eso es pasado. Ahora deja una huella para siempre, de repente, en la historia de Independiente del Valle.

Ramírez armó un equipo en base un paradigma de juego basado en el toque, en las transiciones con velocidad, en la contención por dentro y el vértigo por afuera. Pellerano es el vértice de ese juego y es curioso que se adaptado tan rápido al estilo de juego. Como si no hubiera sido criado en el fútbol del ascenso de Argentina y hubiera brillado directamente en este club. Invaluable aporte para que otro club ecuatoriano llegue a un título internacional y para que los futbolistas se paren en el corazón de la nueva Olla, con las piernas fundidas por combatir charcos, a escuchar We are the Champions, sonreír y sentirse, para siempre, en la historia de la pelota.  

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