La historia de Colón en la Sudamericana que nunca será olvidada

El sabalero perdió contra Independiente del Valle pero dejó una huella. La noche triste luego de la derrota. Lo que se viene.

La madrugada después de la tormenta está ventosa, el calor de Asunción se esfumó, las calles ya no son rojinegras, la resaca es tristeza y Leonardo Burián camina solo mirando lo que podría haber sido. Un hincha en un bar firma que nunca más va a ir a la cancha y nadie de los de su mesa le creen, pero nadie va a contradecir lo que dice la canción de que dos que se quieren se dicen cualquier cosa. Los últimos hinchas le piden una foto a Tomás Chancalay y le dicen que entró muy bien y que va a haber revancha. Pablo Lavallén sabe que es un logro haber llegado a una final de Sudamericana y que cuanto más llegás más chances tenés, pero ahora no quiere saber nada de eso: el fin de fiesta está demasiado duro.

Colón rompió un récord guiness, hizo una gesta popular de caravana durante 800 kilómetros, emocionó al mundo cantando Los Palmeras y dejó lágrimas que emocionaron desde asiáticos a africanos. Destrozados es el verbo más feo que suena. El insomnio ansioso de las últimas noches ahora es una conversación de pesadilla con la almohada. O de cabezazos a la ventana del auto volviendo por la ruta a casa. Estuvo todo tan cerca de que se acabara la historia sin títulos que suena a teoría de conjuros. Nada de eso existe, aunque por ahora no hay tiempo para poder asumirlo.

El penal del Pulga. El gol que sacudió la esperanza. La lluvia que dio una segunda chance a un equipo que arrancó mal. La bronca porque delante hay un equipo que fue mejor, que jugó muy bien y que, además, tuvo hinchas más que respetuosos en los festejos, hasta alentando a los subcampeones por la fiesta que hicieron. Colón, un equipo del interior de Argentina, el del estadio donde jugaron Pelé y Maradona y Messi, llegó a las portadas del mundo por una razón encandilante: su gente. Nadie va a poder borrarlo.

Los días posteriores habrán detalles para la resiliencia y la capacidad de levantarse y de barajar y dar de nuevo. Va a ocurrir. El Pulga volverá a patear ese penal mil veces en su cabeza. Sentirá ese dolor más que el que tenía mientras jugaba, luego de ser infiltrado para poder estar en el césped. Ya nada será igual, aunque la tempestad se irá y quedarán las anécdotas del equipo que folcklorizó una Copa como nadie. A veces, la lluvia solo moja. Pero se seca. Colón acarició una experiencia inolvidable que, con certeza, volverá a ocurrir.

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