Entrevista con Pablo Lavallén, el técnico de Colón: "El que dice que no siente nada te miente"

El entrenador de Colón habla de su idolatría a La Volpe, Passarella y Sabella. Cuenta cómo trabaja con la palabra los nervios para la final. El valor de llevar la procesión por dentro.

Pablo Lavallén sabe que está al borde de convertirse en prócer, pero lleva las palabras como si no pasara nada. Será su primera final como entrenador, aunque su curriculum guarde una Libertadores y una Supercopa con River como jugador. La final de la Sudamericana lo pone frente a una vidriera mundial. Muestra su método: el valor de la verdad, decir las cosas en la cara aunque existan las redes sociales, aprender de la experiencia de las situaciones límites. Sus tres modelos son directores técnicos que ya tuvo: Ricardo La Volpe desde el juego, Daniel Passarella desde la personalidad y Alejandro Sabella desde la capacidad de hablar. De eso habla, en la previa del momento cúlmine de su carrera.

- ¿Cómo se convence al plantel de tu idea?
- Los entrenadores tenemos muchas ideas en la cabeza. Tenemos que poder plasmarlas y explicarle al jugador que esa es la mejor forma de ganar un partido. Eso hay tratar de bajarlo y vivenciarlo a través del entrenamiento, del ensayo, del error. Las herramientas que vos les das tienen que darle resultado en algún momento. Cuando el jugador se convence de que esa es la mejor forma de ganar un partido de fútbol, ahí es donde empieza a haber un funcionamiento. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

A los 47 años, se prepara para su primera final como DT

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- ¿Qué valor le das a palabra?
- La máxima. La palabra es muy importante porque el jugador, más allá de la indicación, necesita estar conectado con el entrenador, con el preparador físico, con el ayudante de campo, con el videoanalista. Necesita ver un diálogo, una cercanía, una relación de trabajo que sea buena. Si no hay entendimiento, es muy difícil que se consiga un grupo coeccionado y que eso pueda dar fruto.

- ¿Qué herramientas usás para que haya un buen ambiente?
- Hablar pemanentemente con la verdad. Los que hemos tenido el privilegio de jugar este deporte sabemos que el jugador está siempre atento a lo que se le dice. El entrenador es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras. Cuando alguien suelta una palabra, suelta una promesa: “Mirá que te necesito porque te quiero, porque te voy a usar”. Más vale que lo cumplas porque el jugador siempre recuerda lo que le dijiste. Me ha pasado muchas veces de, por ahí, decirle a algún jugador, hasta en broma, fijate esto, fijate lo otro, por ahí a los tres o cuatro meses me lo recuerdan. La verdad con el futbolista es fundamental aunque duela.

-¿Cómo te adaptás al lenguaje del jugador?
- Es un proceso de aprendizaje permanente. Así como en mi época como futbolista mis entrenadores me llevaban veinte o treinta años y ellos tenían que tratar de adaptarse hoy ese reacondicionamiento de nosotros hacia la nueva generación es más vertiginoso. El jugador está conectado con lo que se dice en las redes sociales. Tiene más contacto. con la prensa. Muchas veces nos equivocamos porque no sabemos manejar ese tipo de adelanto cybernético y nos tenemos que aggionar. La comunicación es vital. Hoy la tecnología nos mantiene informados con lo que pasa al otro lado del mundo, pero a veces te mantiene desconectado con el que tenés a un metro. Escuchar todo y no ir directamente a la fuente puede ser perjudicial.

- ¿Qué rol tiene la palabra en un momento de tanta ansiedad como jugar una final?
- Es una situación única. Por primera vez en 114 años, este club va a jugar una final. Con la posibilidad de ser campeón. Ya el jugar una final es inédito para el club. Así que son sensaciones nuevas. Esta es mi primera final como entrenador. He jugado finales como futbolistas. Uno no puede estar acostumbrado a algo que es nuevo. La gente lo experimenta como algo nuevo y tratamos de estar lo más centrados posibles. Permanentemente aparece el tema con amigos en una mesa de café o con el periodismo o con los futbolistas y hay que tratar de llevarlo con calma. No jugar el partido antes de que pite el árbitro.

- De los entrenadores que tuviste, ¿a cuál tomás como modelo?
Hubo tres que me marcaron. El que más me marcó en el aspecto futbolístico fue Ricardo La Volpe, en México. Creo que, a raíz de todo lo que aprendí con él, fue cuando decidí interesarme por ser técnico. Después, con Daniel Passarella, donde aprendí esa faceta de liderzago, de mostrar una personalidad y una presencia como entrenador. Y tuve a Alejandro Sabella en Reserva. Con Alejandro, si bien compartí poco tiempo en esa Reserva de River, le vi ese don de hablarte, de convencerte, de ese vínculo con el jugador casi paternal.

- ¿Por qué La Volpe desde lo futbolístico?
- Me enseñó cosas que no había aprendido con otro entrenador. Tiene una visión del fútbol muy particular. Muy ofensiva. Este deporte está creado para ganar, para imponerte al rival, para superarlo. Ricardo, en ese sentido, tiene las cosas bien claras. Cómo tiene que jugar un equipo para tratar de ganar un partido. Hay frases hechas en el fútbol como la sábana corta cuando vas mucho para adelante, te descuidás atrás. Pero este juego está creado para imponerte, para ganar, para tener la pelota, para saber utilizarla mejor que tu rival. En eso, él tenía más que otros entrenador que tuve muy clara esa idea, me gustó mucho y tomé muchísimo de los conceptos que hoy sigue enseñanza.

- ¿Cómo llevabas vos, como jugador, a las finales?
- A mí me tocó jugar en River clásicos o las finales de la Copa Libertadores del 96 y son momentos únicos. Tuve otra oportunidad, en el 91, en una Supercopa contra Cruzeiro. Son situaciones que uno no sabe que, quizás, no se vuelvan a repetir en la vida del futbolista. Se vive con intensidad y con nerviosismo. Trata de estar lo mejor posible pero el que te diga que no siente nada te miente. Lo previo es desgastante de la cabeza.

- ¿Cómo fueron los dos entretiempos contra Atlético Minero para que dieran vuelta el resultado?
- Creo que es parte de lo que hablábamos. El hecho de no haber experimentado estas situaciones te tiene contenido o atado. Simplemente, en esos entretiempos, hablamos de soltarnos, de arriesgar, de jugar el partido y no de tratar de sacarlo adelante. Ser protagonistas. Tratar de imponer el fútbol que tienen estos muchachos. Pasó de tal forma que se vio un cambio más que importante en el primer partido acá en Santa Fe y después del segundo gol de Mineiro allí en Brasil el equipo tomó las riendas. Es una adaptación a jugar cosas importantes. Darse cuenta que sí pueden ganar una final y de que son merecedores de ganar una final porque nadie te regala nada y si llegó Independiente del Valle o Colón es porque de alguna forma u otra fueron mejores que sus rivales.

- ¿En qué te refugiás para estar tranquilo?
- Soy un hombre de fe con unas creencias fuertes. Eso me da tranquilidad. El creer que uno tiene el poder de cambiar situaciones cuando, en realidad no las tiene, te puede generar un sentimiento de debilidad o de impotencia. Y yo eso no lo siento. Yo sé que en algún momento suelto el control y lo tienen los futbolistas. La procesión va por dentro. El que ve de afuera o el jugador que me ve de afuera tiene que saber que el técnico está tranquilo. Está pensando lo que tiene que hacer el equipo y yo descanso en eso.

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