El lado menos conocido del Pulga Rodríguez, la figura de Colón

Cuando dejó el fútbol a los 18 años y trabajó como albañil, su vida privada y lo que piensa hacer cuando se retire

El Pulga Rodríguez llega y apoya sus botines sobre la mesa. Se sienta, se pone cómodo y se entrega a las preguntas. Es un ídolo que no se la cree, uno de esos que nunca dejó de reivindicar el guiso de arroz con pollo como su comida favorita y le escapa a la exposición. Las redes sociales no le gustan y los mensajes por Whatsapp no son lo suyo. Su recorrido en el fútbol va desde Rumania, hasta Italia, hasta ser el gran ídolo de Atlético Tucumán por más de diez años. A pesar de la pasión, cansado de los malos manejos de los representantes, a los 18 años decidió dejar por un tiempo el fútbol y se dedicó a ser albañil y pintor. Se llenó las manos de ampollas intentando conseguir algo de plata para llevar a su casa, pero nunca abandonó. Hoy se mira las manos y entre risas dice: “Mirá cómo las tengo, ahora no hay ni un callo”.

Se reconoce como un hombre sencillo y un buen padre. A pesar de que le gusta arribar temprano a los entrenamientos, muchas veces llega sobre la hora para poder llevar a Bautista y Milo al colegio. A los 34 años comienza a evaluar qué pasa después del fútbol y las posibilidades son varias, desde un salón de eventos hasta la política. Mientras tanto, se prepara para jugar la semifinal de la CONMEBOL Sudamericana y llevar a Colón a los más alto.

- A los 18 estuviste 9 meses sin jugar, ¿cómo lo viviste?

- Viví trabajando… sobreviviendo.

- ¿En qué trabajabas?

- Era ayudante de albañil o pintor con mi cuñado para poder ayudar a mis viejos e intentar llegar a fin de mes. En ese momento se podía comer con poco, pagar la luz, el agua, el gas… hoy hay que tener un sueldo alto para poder llegar a fin de mes. Y encima no se puede, pero hay que sobrevivir.

- ¿Qué pensás que hubiese pasado si no volvías al fútbol?

Habría seguido los pasos de mi papá. Trabajar en la Municipalidad de Simoca, Tucumán, y tener un trabajo estable para poder cobrar todos los meses y no depender de si hay o no una changa. Tal vez lo hubiese logrado porque cada vez que me propuse algo, con la ayuda de Dios y de la familia, siempre lo pude conseguir.

- ¿Qué lugar tienen en tu vida estas dos figuras: Dios y la familia?

- Soy mucho de hablar de Dios. Soy creyente, pero en silencio. Voy poco a la iglesia, pero creo en la Virgen del Valle. La familia es lo más importante que tengo, es mi pilar día a día, la que sufre con uno. La que entiende si no quiero hablar de fútbol o si ni siquiera quiero comer después de perder un partido.

- ¿Cómo maneja el futbolista el tiempo con la familia o poder salir a tomarse una cerveza?

- Con el tiempo el futbolista se vuelve muy frío por los eventos a los que no pudo concurrir. El cumpleaños de tu madre, de tu padre o de tu hijo. Incluso ausentarte en nacimientos. El domingo pasa a ser un día más, no tenés fin de semana. Nos vamos acostumbrando a no tener tantos eventos y de las salidas ni hablar. En el profesionalismo hoy como están las cosas, con teléfonos y demás, no podés salir a ningún lado. El futbolista es un ser humano. A veces hay chicos que debutan muy jóvenes en el fútbol profesional y se los juzga como a uno más grande. Tienen 22 años y tal vez sienten esa necesidad de ir a un boliche, estar con amigas, con amigos, ser una persona normal de un fin de semana y decir “voy a un boliche, nadie me va a decir nada ni cuestionar”. En el fútbol argentino ven que estás en un boliche y está todo mal.

- ¿Creés que se le mete mucha presión al futbolista?

- Pasa que al pagarte para esto no creo que sea una presión. El fútbol argentino es a base de resultados y, si no se dan, parece que sos el peor y, si se dan, sos el mejor. La vida no es así. No puede ser que un fin de semana seas el peor y al siguiente partido seas el mejor. Incluso en las provincias chicas perdés un partido y tenés que estar en tu casa todo el tiempo. No podés ni ir al supermercado porque te cruzás con los hinchas todo el tiempo.

- Otro de los problemas en la vida del futbolista es que es corta, ¿qué pasa después? ¿qué hay después del fútbol?

- El retiro se hace cada vez más temprano. Uno acá está al 100% pendiente del fútbol, de jugar, tener competencia, estar a disposición. A veces me pasa que tenemos 25 días de vacaciones y llevo 3 o 4 días levantándome a las 8 de la mañana y mi mujer me dice: "Loco andá a dormir a otra habitación porque no podés levantarte a esta hora estando de vacaciones". El tema es que cuando dejás creo que podés entrenar un mes o dos y después te cae la ficha de que no te estás preparando más para jugar al fútbol. El golpe debe ser duro.

- ¿En qué te gustaría mantener la cabeza ocupada una vez que dejes el fútbol?

- Estoy analizando un montón de cosas. Pensé en un salón de fiestas, canchitas de fútbol, técnico de inferiores, me ofrecieron la política... tal vez me meto en el deporte trabajando políticamente.

- ¿Qué es lo que te interesa de la política?

- Todo este tiempo ayudé a la gente, que por ahí siente una necesidad ya que tengo el acceso más fácil. Me gustaría dar oportunidades. Si me meto en la política, va a ser para eso, para que la gente tenga un trabajo y no que esté sentado en la casa y me diga: "Escuchá necesito una casa". Yo también necesité una casa cuando era chico o cuando dejé el fútbol y sin embargo nadie te va a dar por dar. Hoy no hay trabajo en mi pueblo, más que en la municipalidad, no hay trabajo.

- ¿Te gustaría que tus hijos jueguen al fútbol?

- Eso es algo que hablo todo el tiempo con mi señora. A Bautista, el más grande (4), no le gusta mucho. El tema es que no quiero que sientan presión o que vayan a una escuelita de fútbol y le digan: ‘sos el hijo de tal, tenés que jugar como tal’. Por eso digo que no me gustaría que jueguen al fútbol. El de dos años, Milo, está todo el tiempo con la pelota. Es zurdo, Bautista es diestro. No me gustaría que un día lleguen a su casa y digan: "Papá, ¿sabes qué me dijeron? Que no juego como vos". Sería muy triste que los carguen con ser el hijo de ... Lo que sí les voy a decir es que estudien, terminen el secundario y terminen una carrera porque eso va a ser el sostén el día de mañana en su vida, cuando tengan mujeres e hijos. Ojalá tengan mujeres e hijos y formen una familia como la de nosotros.

El Pulga se despide amablemente, pero apurado. Tiene que ir a charlar con el plantel y se olvida los botines. Claro, sabe que la magia está en él y no en los zapatos.

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