El Chino Maidana promete: "Si Colón gana, me tatúo la Copa"

"Colón es raza pueblo", dice el boxeador, que se hizo hincha a los 15 años. Fue a Brasil, a la semifinal, y se sentía en una pelea. Sueña con el título en Asunción.

Se abre la puerta de una camioneta de tamaño monoambiente y brilla la punta de un zapato pintado de azul glamoroso. Baja una pierna y la otra y se estira un cinturón que en el centro tiene un dije con el símbolo gigante de una marca de ropa. Sin que suene nada, el ambiente se llena de música de película de cowboys. Lleva unos lentes tornasolados, el pelo engominado y unos reflejos dorados. Un finísimo y delicado bigote de mexicano le subraya la nariz de boxeador. Sobre el cuello ancho entrenado en gambetear golpes tiene dibujados un guante y el símbolo del dólar. El Chino Maidana, el hombre que más de una vez por semana relata su combate con Floyd Maywether en Las Vegas, estira la mano, saluda y promete: “Si Colón gana, me tatúo la Copa”.

Viajó a Brasil, a la vuelta contra Atlético Mineiro, pasó por el hotel a saludar a los jugadores y salió a caminar con Wilson Morelo. “Yo me sentía que estaba en una pelea”, dice, mientras recuerda los nervios que sentía antes de la serie de penales. Va a ir a Asunción, claro. Cuando peleaba, incluso en el asalto por el título mundial, cuenta que podía descansar. Lo da como consejo, sentado en el living del hotel de Colón en Santa Fe: “Hay que estar relajado, las cosas van a darse como tienen que ser”.

Maidana llegó a Santa Fe a los 15 años y fue a entrenarse al club. Llegó a pelear en uno de los salones y lo recuerda con tanta emoción como cuando le tocó estar en el Luna Park. Ahí se hizo fanático de Colón y empezó a ir a la tribuna. Carlos Monzón, otro mito del box, también llevaba los colores sabaleros en el alma.

El Chino, de chico, había jugado en su pueblo. Era enganche, sabía gambetear, aunque los golpes ya le gustaban, por eso se tiraba hacia el medio para chocar. Una tarde, apareció un entrenador de guantes por su pueblo y lo invitó a entrenarse. Cuando se enteró, su técnico anterior lo fue a buscar y lo increpó: “¿Adónde pensás llegar con el fútbol?”. Un visionario.

La historia de los boxeadores argentinos suele ser sufriente. Han salido de la pobreza y han peleado tanto con la vida que, a unos pocos, les llegó la posibilidad de subirse al ring. Eso le emociona del Pulga Rodríguez: “Es el jugador al que más me parezco. Tiene eso de haber salido desde abajo y luchar por lo que quiere. Además, juego parecido”.

El Chino no suele mirar muchos partidos de fútbol. Sabe que no se parece demasiado a su deporte predilecto, porque una cosa es subirse sólo y otra cosa es estar con un equipo. Pero Colón lo enamoró a primera vista. La explicación que da se repite en cada rincón de la ciudad que late con el corazón rojinegra: “La gente de Colón es alegre. La raza es pueblo”.

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