Pablo Pérez, el organizador de juego de Independiente

Fue el jugador que más veces tocó la pelota en el partido. Dio pases en el campo rival, organizó el juego y se fue aplaudido.

El Tata Martino solía describirlo como el típico tercer volante que no organiza el juego, pero acompaña. Era uno de los interiores de su Newell's campeón del torneo argentino en 2013 y el organizador de juego era Lucas Bernardi, hoy entrenador de Godoy Cruz. Pablo Pérez volaba: lograba, silenciosamente, aparecer en el área rival cuando nadie lo esperaba y tenía la virtud de no desentenderse cuando la pelota estaba del otro lado. Como a cualquier futbolista, el tiempo le quitó piernas y le sumó cabeza. Llegó a Boca para ser el segundo mediocampista de un equipo que giraba al ritmo de Fernando Gago, que se lesionó y dejó el espacio vacante. Ahí, empezó a manejar los tiempos de La Bombonera. El juego pasaba por él. Fue una etapa de Boca, donde su conducción le alcanzó para ganar tres torneos locales, con Rodolfo Arruabarrena y con Guillermo Barros Schelotto como técnicos. Con ese saber, llegó a Independiente, a hacerse cargo de todo.

A los 83 minutos del segundo tiempo, Pérez sale aplaudido de la cancha. El estadio de Independiente lo reconoce. Las estadísticas explican su nivel: 78 pases totales -88% de precisión-, siendo el más pasador. Con un detalle mayor: 48 de esos son el campo rival. Esa última cifra es fundamental: si se piensa verticalmente las zonas de la cancha, la mitad es un espacio de confort, aunque un lugar que permite posicionar al equipo en opción de ataque. Sólo los jugadores inteligentes y técnicos son capaces de construir en ese lugar. Por él, pasan todas las pelotas, es fundamental. Por eso, da dos habilitaciones claves para los goles.

Ariel Holan llegaba al cruce contra Rionegro complicado. Independiente había perdido en la ida y caer podía costarle el puesto. "Ya me velaron muchas veces", dijo el entrenador, al terminar el partido. Desde 2017 está al frente del equipo y muchas veces han cambiado sus futbolistas. Esta última y nueva etapa se caracteriza por dos liderazgos: Pérez y Cecilio Domínguez. El delantero paraguayo es el desequilibrio. Pablo es el cerebro.

Para jugar en el equipo de Holan, hay que tener capacidad para asumir roles desde distintos lugares del campo de juego. Pérez entiende y, en eso, saca distancia: el técnico suele cambiar de esquemas, usando en un partido 5-3-2, en otro 4-3-3 o 4-2-3-1. Los jugadores acostumbrados a atacar saben que hay que moverse y que la pelota es la que manda para ver dónde ubicarse. Esa, quizás, sea la mayor virtud de Pérez, que algún día fue un corredor y ahora es un pensante a los 33 años. Tiene una enorme capacidad para saber pararse donde el balón va a caer.

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