Lucho González, el Comandante de Atlético Paraneanse

A los 37 años, levantó la copa de la CONMEBOL Sudamericana. "Quizás a algunos les parezco un viejo aburrido", cuenta, quien volverá a ver a su River en la Recopa.

Lucho González nunca pensó en dejar el fútbol, pero tuvo que correr solo en un gimnasio. Se había terminado su contrato con River y esperaba escuchar ofertas. Nada lo convencía. Hasta de India lo llamaron. No bajaba los brazos. "Es luchar con el día a día: con la motivación de tener que levantarse, con saber que no tenés la obligación pero que es bueno para el cuerpo", decía, hasta que apareció Atlético Paranaense, que lo quería para su proyecto deportivo. Entonces, aunque ya había pasado la barrera de los 35 años, volvió a ser joven.

Desde el banco de suplentes, mira los penales y le ruega al cielo. No es la primera vez que en que le toca una instancia decisiva: hasta jugó un Mundial, en 2006, con la Selección argentina. Aún así, esto es especial. En 2016, cuando llegó a Brasil, le costó volverse indispensable. En 2017, le costó encontrar su nivel y hasta iba a quedarse sin club. Pero volvieron a confiar en él y en el segundo semestre de 2018 cuando reapareció su mejor versión. "Me gusta que los más jóvenes tengan más responsabilidad y les doy consejos. Algunos deben pensar que soy un viejo aburrido, pero aquí tenemos varios jugadores con mucho futuro", reflexionaba el Comandante, como lo bautizó toda la hinchada brasileña.

Su cuerpo repleto de tatuajes y la barba puntiaguda ya le dan un aspecto especial. Se ganó el respeto de sus compañeros, que lo escuchan atentamente. Es que su curriculum es enorme. Suele contar de Juan Román Riquelme -su ídolo-, de Hulk, de James Rodríguez, de Juan Sebastián Verón y hasta de Jackson Martínez. Por su talento, compartió césped con extraordinarios futbolistas. Jugadores de tanta calidad que el tiempo no los extinge: en Porto, cuando River lo vendió a Europa en 2005, ganó la SuperLiga portuguesa haciendo dupla con Lisandro López, hoy goleador de la liga argentina.

El entrenador Tiago Nunez le devolvió la confianza. Le convenció de jugar de segundo volante y hasta recuperar la relación con el gol. "Tengo libertad para jugar y para llegar al área. Pero siempre combinando con el otro volante, para no quedar expuestos en defensa", explica y detalla todo lo que siente, mientras un hincha, desde la tribuna, mueve una pancarta con una caricatura gigante de su cara.

Éste es el título número 25 de su carrera: ganó la CONMEBOL Libertadores con River en 2015, los Juegos Olímpicos 2005 con Argentina, diez títulos en Portugal, seis en Francia y hasta el Nacional B con Huracán, entre otros.

El Comandante levantó los brazos con la Copa en lo alto. Logró reinventarse luego de correr en un gimnasio, solo, cuando nada nuevo aparecía. "La pasión por jugar siempre es infinita", repite, desde que es chico, y esperaba salir al Parque para agarrar una pelota y tirar magias.

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